La verdad sobre el TDAH

Los días 9 y 10 de mayo estaba previsto que se celebraran en Vélez-Málaga las V Jornadas sobre Infancia y Adolescencia, en las que yo me encontraba inscrito. Finalmente, dicho evento tuvo que ser cancelado por los organizadores debido al veto a uno de los ponentes, el prestigioso catedrático de psicología Marino Pérez Álvarez, por parte de la Asociación TDAH-Axarquía (asociación compuesta por padres de niños con ese diagnóstico).

El motivo del veto no es otro que la polémica postura de Marino hacia el TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad que ha venido manifestando en sus artículos, libros y conferencias en los últimos años. Para este catedrático de psicología, la investigación científica no ha ofrecido ningún tipo de evidencia acerca de marcadores biológicos  que demuestren algún tipo de alteración cerebral en los niños diagnosticados de TDAH o, como se les conoce coloquialmente, niños “hiperactivos”. Por ello, asegura que la sobremedicación a la que se suele someter a los chavales con este diagnóstico no está justificada. No niega en ningún caso que las conductas molestas de estos niños extremadamente inquietos, nerviosos y dispersos puedan ser un verdadero problema en el ámbito educativo o familiar, pero para él medicarlos es una especie de “dopaje” que no los “cura” de nada puesto que no hay enfermedad real alguna y solo sirve para que profesores y padres se estresen menos a la hora de lidiar con estos chicos. Para él, los niños “hiperactivos” son simplemente niños con temperamento inquieto que no han sabido ser reconducidos desde su contexto (lo que traducido a lenguaje coloquial es que no han sabido ser correctamente educados o abordados por profesores y familiares).

La solución estaría en tratamientos psicológicos, y no farmacológicos, que abordaran el problema mediante cambios en el contexto, justamente cambios en el ámbito educativo y familiar. Esta visión del problema, es la que indigna tanto a los padres de la Asociación TDAH-Axarquía, ya que en parte los responsabiliza a ellos del problema (señalándolos en cierto modo como disfuncionales o incompetentes) y los hace partícipes del tratamiento y entiendo que para los padres es mucho más cómoda de aceptar la versión tradicional de que es su hijo el que sufre “un trastorno”, una especie de “defecto de fábrica” que tiene que ser arreglado con medicamentos, desculpabilizándolos  por completo a ellos.

¿Cual es mi postura en todo este asunto? Pues la verdad es que, sin descartar variables genéticas que puedan predisponer a unos niños a mostrar un temperamento más inquieto desde pequeños, lo cierto es que como psicólogo enmarcado dentro de la corriente del contextualismo funcional, que básicamente postula que para entender cualquier conducta humana es obligatorio tener en cuenta el contexto en el que tiene lugar (ambiente, entorno, educación, etc.), estoy bastante próximo a las teorías de Marino.  Al mismo tiempo, puedo entender a los padres de la Asociación TDAH-Axarquía y empatizo con ellos. Es normal que no les guste que se catalogue a sus hijos simplemente como “niños nerviosos” y a la vez “mal educados” por padres incompetentes, pero no creo que la solución sea censurar a un profesional como Marino, considerado toda una eminencia tanto en España como a nivel internacional.

Había que escuchar a Marino, dialogar con él, ofrecer argumentos a favor o en contra de sus postulados, en definitiva, permitir un debate que seguramente habría sido muy enriquecedor. Es un despropósito que, tras dos semanas de la apertura formal del periodo de inscripción, con más de una veintena de ponentes comprometidos en su realización, con la participación activa de adolescentes y niños de los diversos centros escolares municipales a lo largo del curso para presentar sus propuestas en dichas Jornadas, y con 100 personas ya inscritas, los organizadores se hayan visto obligados a cancelarlas, tras apoyar el Excmo. Ayuntamiento de Vélez-Málaga y la Gerencia del Servicio Andaluz de Salud (SAS) el veto de la Asociación TDAH-Axarquía a Marino y retirar su colaboración para el desarrollo de las mismas.