La activación conductual

La activación conductual es una herramienta útil que utilizamos los psicólogos a la hora de hacer terapia y tratar la depresión. Tradicionalmente, desde la terapia cognitiva clásica, cuando se han abordado los problemas depresivos, se ha recurrido primero a cambiar los pensamientos “negativos” de los clientes para mejorar su estado emocional y que así progresivamente pudieran retomar las conductas importantes en su vida (trabajar, hacer deporte, cuidar de la familia, etc.). Este planteamiento, aunque eficaz en muchas ocasiones, en algunos momentos no ha conseguido los resultados deseados, permaneciendo los pacientes durante meses de terapia “enredados” intentando controlar sus pensamientos y consiguiendo pocos avances respecto a llevar a cabo conductas positivas o reforzantes para ellos. Como alternativa a esto, surgió la activación conductual, cuyo planteamiento es inverso al de la terapia cognitiva, es decir para vencer a la depresión y que vuelvan las emociones positivas a la vida de uno, habría que empezar por cambiar directamente, de forma gradual, las conductas en lugar de centrarse en los pensamientos.


Los psicólogos no somos inmunes a la depresión, a la ansiedad ni a ninguno de los problemas que tratamos con nuestros clientes, del mismo modo que los médicos tampoco son inmunes a las distintas enfermedades. Por ello, podría poner múltiples ejemplos de momentos personales en los que he tenido que hacer uso de la técnica de activación conductual, si bien elegiré uno de los que considero más importantes y que no es otro que la superación de un cáncer cuando contaba con 19 años de edad. A pesar de que, tras una operación quirúrgica y unos cuatro meses de quimioterapia, conseguí recuperarme físicamente, lo cierto es que todo el proceso me dejaría secuelas psicológicas durante bastante tiempo. Cuando, después de tantos meses batallando contra la enfermedad, me dieron el alta médica, debería de estar feliz por haber superado una enfermedad tan dura, pero el panorama en aquellos instantes me parecía realmente desolador. Calvo, amarillento flacucho y sin apetito por los efectos secundarios de la quimioterapia. Con serias dificultades para caminar y sin ganas de nada, pasaba la mayor parte del tiempo tumbado en la cama. Había suspendido todas las asignaturas del segundo cuatrimestre del primer curso de psicología y tendría que recuperarlas todas el siguiente curso.


Ante esta situación, inicié una terapia cognitiva clásica con la psicóloga especialista del área de oncología del hospital con el objetivo de mejorar mi estado anímico. Pero el hecho fue que mis intentos por autoconvencerme de que ya estaba curado y de que el cáncer no volvería a mi vida no solo no servían de nada sino que hacían que me preocupara cada vez más ¿El motivo? Cuando yo me decía a mí mismo, una y otra vez, «el doctor me ha dicho que ya estoy curado y que es poco probable que el cáncer vuelva», dicho pensamiento contenía justo la palabra que hacia referencia a mis temores «el cáncer». Además, ese pensamiento indirectamente traía de la mano otro complementario «poco probable no significa que sea imposible, así que quizás el cáncer vuelva». Efectivamente, por muy positivo que yo quisiera ser, la realidad es que siempre habría alguna posibilidad de que el cáncer regresara. La verdad es que estaba experimentando mis propias carnes cómo el intentar cambiar mis pensamientos me iba enredando en una especie de tela de araña sin salida. Acababa de salvar mi vida, pero lo cierto es que, ansioso y deprimido, realmente me encontraba muerto. No quería retomar mis estudios, no quería divertirme con mis amigos, no quería practicar deportes…realmente estaba paralizado por el miedo. No fue hasta que, unos meses después cuando me reincorporé a mis estudios de psicología, descubrí la técnica de la activación conductual cuando realmente mejoró la situación. Entendí que era imposible suprimir el miedo al cáncer, justo después de haber padecido esa enfermedad. El miedo era algo normal y natural dadas mis circunstancias. Acepté el miedo y la incertidumbre, acepté que la enfermedad realmente podía volver, pero lo cierto era que «aquí y ahora» yo estaba vivo, tenía una vida por delante que podría durar unos meses, unos años o medio siglo, pero que merecía la pena ser vivida. No es que lograra vencer el miedo, sino que decidí seguir funcionando con ese miedo a cuestas, activándome poco a poco de forma progresiva, muy lentamente pero con continuidad, y retomando las conductas que eran importantes para mí.


A parte del miedo a una recaída del cáncer, otra emoción que tuve que aceptar fue la desmotivación y la apatía a la hora de retomar el deporte una vez me había curado. Antes de pasar por la enfermedad y el duro tratamiento con quimioterapia, yo, con bastante trabajo y esfuerzo, había fortalecido mi cuerpo levantando pesas. Pero los meses convaleciente sin poder entrenar, junto con los efectos secundarios de la quimioterapia (que aparte de atacar a las proteínas del cabello, ocasionando su caída, también destruye el tejido muscular) me habían transformado en un verdadero enclenque. Una vez me curé, tendría que empezar nuevamente de cero a construir los músculos de mi cuerpo pero la desmotivación, la apatía y la desgana, junto a la debilidad física por el reciente tratamiento, me frenaban totalmente y, durante un par de años, llevé una vida totalmente sedentaria. Nuevamente, el aceptar todas esas emociones fue imprescindible. No podía esperar a que la desmotivación y la pereza se marcharan, no podía esperar a que me llegara la motivación, pues entonces todavía estaría esperando, sin terminar de arrancar y sin realizar ningún tipo de deporte. La solución fue empezar a entrenar con la pereza, la desgana y la desmotivación encima, poco a poco y dando pequeños pasos. Y así con el deporte y con todo lo demás que para mi era valioso. Finalmente, terminé mis estudios de psicología, practiqué mucho deporte, más incluso que antes de estar enfermo, conseguí una pareja, tuve hijos, etc. Mi vida volvió a ser una vida valiosa. Si quieres conocer todos los detalles de mi historia, narro toda esta experiencia personal en mi libro «Escapando del cáncer en bicicleta», disponible a través de la web www.amazon.com.