La ciencia ha demostrado que los estiramientos en tensión activa tienen una serie de ventajas sobre los pasivos, que son los que la mayoría de las personas realizan habitualmente. Pero primero queremos explicaros cómo se realizan. Antes de realizar un estiramiento, realizamos un contracción del músculo que queremos estirar. Y a continuación, sin perder esa contracción, provocamos que el músculo se estire generando una fuerza opuesta. Por ejemplo, si queremos realizar un estiramiento en tensión activa para el cuádriceps, estando de pie cogeríamos el pie y realizaríamos la contracción, como si fuésemos a realizar una extensión de rodilla, pero la mano que coge el pie lo impide. Así, manteniendo esa contracción muscular, llevamos el pie hacia nuestro glúteo para que el músculo se estire. Las sensaciones de los estiramientos en tensión activa son diferentes, y las primeras veces pueden resultar extrañas, pero cuando pasa un tiempo de práctica, normalmente poquito, dejan unas sensaciones que no se suelen conseguir con los otros métodos. Entre las mayores ventajas de realizar estiramientos en tensión activa tenemos que no produce una pérdida de fuerza de forma aguda (incluso se han encontrado ciertas ganancias), por lo que son los mejores que se pueden incluir en un calentamiento, donde uno de los objetivos es prepararnos para rendir más en un entrenamiento o competición. También producen ganancias de movilidad superiores que los estiramientos pasivos y mejoran la capacidad de almacenamiento de energía elástica. Esto quiere decir que mejora la capacidad de transferir la energía elástica en un movimiento que queremos llevar a cabo. En resumen, tanto para el calentamiento como para la prevención de lesiones, van a ser los estiramientos más indicados, aunque lo ideal es incluir variedad de métodos e individualizar en función de las necesidades. Os pongáis como os pongáis no tenéis escapatoria. ¡Somos Movimiento!

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