Correr con música

A todos nos viene a la memoria la imagen en que Silvester Stallone se dispone a subir, a toda velocidad, las infinitas escaleras que llevan al Museo de Arte de Filadelfia. En su cabeza, retumban los últimos compases de ‘Gonna Fly Now’ de Bill Conti. Cierra los ojos y ponte en su lugar ¿no te apetece salir a correr?

A la hora de correr nos fijamos en muchos aspectos de los y las corredoras; la pisada, el ritmo, o la forma de correr, pero una cosa que salta a la vista es si llevan o no auriculares puestos para escuchar música mientras practican su deporte favorito. Los motivos pueden ser variados; mantener un ritmo, distraerse, motivarse o, simplemente, porque les gusta. De la misma manera que también hay quien opta por correr a la vieja usanza y dejarse de música motivacional, porque ¡¡ Sólo correr ya motiva !!.

Pero si volvemos a la música, de la misma manera que no todos somos iguales, no toda la música ejerce el mismo efecto en todas las personas. Los científicos han determinado que las canciones que cuentan 130 pulsaciones por minuto tienen mayor capacidad de influir, pero hay otras cualidades que no se pueden medir numéricamente y que son tan importantes como el ritmo en lo que respecta a sus repercusiones psicológicas y fisiológicas.

La música suele utilizarse como elemento disociativo. Es decir, un motivo para evadirse del esfuerzo y el dolor, consiguiendo este efecto práctico no sólo en rutinas de baja intensidad, sino que este efecto se multiplica en entrenamientos duros.

La melodía, el ritmo acelerado, los bajos trepidantes,... todo cuenta. Pero, una de las características que hacen dar un salto e ir a por todas, que ponen la piel de gallina, es sin lugar a dudas, la letra. Si se alinean los astros y se tiene una gran melodía, un buen ritmo y una excelente letra, la canción es el chute de adrenalina perfecto para correr.

La cuestión es que si eres de los que corren con música, elige bien la que motive, que te evoque recuerdos agradables y cuyo ritmo se encuentre entre 120 y 140 latidos por minuto. Para calcularlos, basta con seguir el ritmo golpeando la pierna con la mano durante 15 segundos y contar los toques. Multiplica por cuatro (para llegar al resultado de un minuto) y tendrás las pulsaciones de la canción en cuestión.

No obstante, también hay quien prefiere no escuchar música mientras corre. Los motivos pueden ser varios. Así por ejemplo, hay quien opina que correr con música puede ser peligroso si lo haces por la ciudad y por calles transitadas, peligro que aumentará si lo haces con el volumen alto. Con la música envolviéndote, no te das cuenta de tu respiración; correr rápido también implica correr a un nivel más alto, lo que provocará que nuestro pulso y funciones vitales, como la respiración, también se incrementen. Escuchar música, aunque puede hacer que te olvides del cansancio, también puede generarte que no obtengas una retroalimentación de tu ritmo y no aprecies el nivel de esfuerzo.

Tararear consume más energía. Aunque no lo quieras, es inevitable que si suena una de tus canciones favoritas, tararees la letra. El simple hecho de mover la boca tarareando la canción te lleva a un consumo más elevado de energía y a cansarte más. Por otra parte, si vas absorto en la música, te pierdes el sonido ambiente. En las carreras, dejarás de disfrutar de los ánimos de los aficionados o de las animaciones que algunas organizaciones preparan para ese día. En montaña, te perderás el cantar de los pájaros, el viento contra los árboles, el arrullo del agua en el río... Yo soy de los que opinan que siempre se pierde algo de encanto.

Y como en todo, se trata de elegir lo que mejor te convenga a ti. Es increíble el poder de la música, pero para gustos, canciones.

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