La fibrilación auricular es una alteración del ritmo del corazón (arritmia) que consiste en un ritmo cardíaco desorganizado que se presenta en forma de latidos irregulares, unas veces lentos y otras rápidos. No se debe confundir con los extrasístoles, latidos cardíacos que se adelantan a su frecuencia y que dan la sensación de “vuelco” y posterior parada del corazón.

La fibrilación auricular se sospecha mediante la toma del pulso o la auscultación del corazón, que se escucha irregular, y se diagnostica mediante un electrocardiograma (ECG).

La causa más frecuente es la hipertensión arterial no controlada pero otros problemas cardíacos como enfermedades de las válvulas, o la cardiopatía isquémica, también la pueden provocar. En pacientes jóvenes sin enfermedad cardíaca puede aparecer en relación con el consumo de alcohol, de ahí el nombre de “arritmia del sábado noche”.

El síntoma más frecuente son las palpitaciones seguido de la disnea (falta de aire) y el dolor en el pecho, pero es posible que no se tengan síntomas. Como complicación, pueden originarse fracaso del corazón y embolias, debido a la formación de coágulos en el corazón por el remanso de la sangre.

El tratamiento de la fibrilación auricular intenta evitar la aparición de la arritmia controlando la frecuencia del corazón mediante fármacos cuando ésta se acelera y reducir las complicaciones (embolias) mediante la anticoagulación.

Algunos hábitos pueden empeorar la fibrilación auricular como la ingesta de estimulantes en general (evite el alcohol, café, tabaco, bebidas de cola) y el ejercicio físico intenso.

Los fármacos para el control de la frecuencia del corazón (betabloqueantes, calcioantagonistas y digoxina) tratan de mantener los latidos por debajo de 80 por minuto, permitiendo al paciente realizar una vida normal sin notar palpiltaciones.

 Dra. Coral Suero Méndez
Directora UGC Ciudados Críticos y Urgencias
Área Sanitaria Málaga-Axarquía