Resulta al menos sorprendente la cantidad de personas que padecen carencias de vitamina D en nuestra España luminosa, siendo este problema mucho menor en países del norte de Europa. Cuando visité a mi familia en la Bretaña Francesa comprobé que en cuanto salen unos rayitos se van en estampida a la calle a recibir el calorcito, en cambio, nosotros sacamos nuestras sombrillas, gorros y cremas protectoras para cumplir con la aconsejada “sobreprotección continuada” de nuestra piel, el miedo al melanoma de las televisivas campañas estivales ha calado hondo. Muy probablemente, este hecho influya fuertemente en el déficit de vitamina D que estamos observando tanto en adultos como en niños españoles desde hace años.
Si creemos que sólo tomando alimentos fortificados con este micronutriente, como es el caso de la leche, se obtiene la suficiente cantidad al día, estaremos lejos de la realidad. Nuestro organismo presenta unos altos requerimientos de vitamina D. Se hace indispensable la exposición a la luz solar porque esto favorece su síntesis. Fijaros qué cada día se consumen, aproximadamente, el 50% de las reservas de esta vitamina liposoluble, por lo que hay que cuidar su consumo (leche, vegetales y alimentos cárnicos) y la exposición al sol con especial mimo.
En este sentido, de 30 a 45 minutos al día de contacto con los rayos ultravioleta, a horas que no sean demasiado incisivas, serían el primer paso para intentar revertir esta situación. Las personas ancianas lo tienen algo más complicado dado que con el paso del tiempo, la piel se vuelve menos capaz de absorber los rayos solares.
Sensación de tristeza, sudoración excesiva en la cabeza, alteraciones del habito intestinal, aumento del riesgo de sufrir osteoporosis y fracturas, éstos son algunos de los síntomas y consecuencias de la falta de vitamina D. Pero, de igual modo, también crece el riesgo de padecer enfermedades respiratorias, artritis reumatoide y accidentes cardiovasculares.
Conocer que existe este problema de salud es el primer paso para solucionarlo, el astro rey sonríe casi todo el año en nuestra piel de toro, por lo que está en nuestras manos poner una solución definitiva.

 

 

Dr.PerezWebDr. José Manuel Pérez
UGC Medicina Interna
Área Sanitaria Málaga-Axarquía